¿Qué tipo de educación necesitamos? ¿Para qué sociedad? ¿Cómo es el sujeto que tenemos que educar? ¿Qué y cómo necesitamos aprender? Entender el mundo en el que vivimos desde una mirada fresca y actualizada que caracterice las generaciones del momento, con sus estilos de vida, nuevas formas de comunicarse, de trabajar, producir e incluso su concepto sobre la felicidad y la realización personal, nos llevará a comprender cuáles son las necesidades formativas en el mundo de hoy.
La pregunta para qué sociedad educamos ha guiado el núcleo central de nuestro pensamiento y acciones. Nos la planteamos hace más de 50 años cuando delineamos el Plan Taquini, con el que pasamos de tener 9 a 25 universidades en todo el interior del país. Volvimos a reconsiderarla al diseñar a fines de los 90 el nuevo modelo educativo del Belgrano Day School y lo seguimos haciendo de forma permanente hasta el día de hoy, porque si bien los requerimientos para integrar la sociedad del conocimiento ya no se parecen a los que necesitaban aquellos jóvenes de los años 70, ni los niños del 2000, tienen en común un llamado a la atención. Nos invita a reveer cuáles son los nuevos escenarios que enmarcan la formación integral de las personas en cada momento en particular y cuáles los recursos disponibles para dar respuesta a las exigencias en cada momento.
Claro que caracterizar el momento actual del mundo conlleva el riesgo, también constante, de volverse obsoleto. Cualquiera de las variables que mencionemos se seguirán actualizando de aquí en adelante. Lo mismo ocurrirá con alguna de las problemáticas que podamos apuntar. Por eso preguntarnos para qué sociedad educamos debería ser parte de la actualización de nuestras reflexiones cotidianas. En definitiva, se trata de asumir que la formación de los niños y los jóvenes necesita de una adaptación continua a un mundo en cambio vertiginoso y que el o los modelos educativos que propongamos tengan esa misma adaptación continua para interpretar el mundo.

