¿Es posible enseñar todo a todos? Docencia, aulas heterogéneas e Inteligencia Artificial


Desde Comenio a nuestros días el ideal de “enseñar todo a todos” nos desvela. ¿Hay que enseñar todo? ¿Podemos enseñarle a todos? ¿Cómo atender la diversidad? ¿Puede ayudarnos la Inteligencia Artificial? ¿Qué pasa con los docentes? Son dichas preguntas las que guían estas reflexiones.

Por Federico del Carpio1

Hace ya más de 300 años, el pedagogo, filósofo y teólogo Jan Amós Comenio revolucionó la pedagogía con sus ideas y prácticas. En su tan conocida obra “Didáctica Magna” propuso un ideal que aún hoy guía a muchos educadores: “enseñar todo a todos y totalmente”. Pero, ¿es esto realmente posible?

Es un objetivo loable y ambicioso, ciertamente difícil de alcanzar, por no decir imposible. El “todo” de Comenio no era tan masivo como lo es el “todo” actual. En parte, porque los saberes y experiencias de la humanidad han aumentado significativamente. Y en parte porque la disponibilidad de acceso es exponencialmente mayor. La capacidad de almacenamiento de datos de la nube y la posibilidad de acceder a ellos en cualquier momento y lugar, y casi para cualquier persona, hacen que este “todo” esté más cercano que el antiguo, a pesar de la inmensa cantidad de  información con la que contamos.

Ahora bien, una cosa es poder acceder al saber, otra cosa es poder enseñarlo. Podemos entonces preguntarnos: ¿hace falta enseñarlo todo? Por supuesto que no. En eso estaremos seguramente todos de acuerdo. Primero porque es imposible. Y segundo porque es innecesario. Por eso parte importante del trabajo de comunidades científicas, profesores y pedagogos, es realizar la selección adecuada de conocimientos que han de ser enseñados2. Dependiendo el nivel, los criterios para hacerlo serán distintos, pero la selección estará vinculada a las necesidades o intereses del aprendiz para su momento madurativo; aquello que la ciencia considera como más relevante; y aquello que la sociedad espera (entiéndase, por ejemplo, la sociedad política que requiere ciertos conocimientos de ciudadanía, o el mercado laboral que demanda ciertas habilidades para desenvolverse en el trabajo). 

Si no hace falta enseñar “todo”, concluimos que debemos enseñar “algo”, una selección de ese todo. Retomemos, entonces, la segunda parte del mandato de Comenio. ¿Podemos enseñarle a todos? Contrariamente a la respuesta anterior, en este caso no sólo es posible, sino también necesario. Estados y organismos transnacionales se han propuesto ese objetivo durante muchas décadas y han hecho grandes esfuerzos por lograrlo. Un simple ejemplo: a principios de 1800, la población alfabetizada era sólo el 12% del globo; en 2016 esa cifra se ha incrementado al 86% 3.

Hace ya unos años, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) propuso los Objetivos de Desarrollo Sostenible, una serie de 17 metas para ser cumplidas para 2030. Entre ellas, la número 4 está referida a educación, estableciendo que el objetivo es “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”4.  

En nuestro país, se ha avanzado bastante. En términos de legislación, en 2006 se sancionó la Ley de Educación Nacional 26.206, que extendió la obligatoriedad incluyendo la totalidad de la educación secundaria. Y eso se ha reflejado parcialmente en la realidad argentina. Mientras que en 2007 sólo 32 de cada 100 alumnos terminaban la secundaria en tiempo y forma, en 2017 ese número se incrementó a 45 de cada 100 (Argentinos por la Educación, 2019). Aún falta mucho, pero han habido avances importantes. ¿Qué pasa en el camino? ¿Qué pasa con los que abandonan? ¿Por qué lo hacen? ¿Puede la tecnología ayudar en algo? ¿Qué tiene que ver la Inteligencia Artificial en todo esto?

El desafío es inmenso. Porque hablamos de enseñarle a “todos” como si fueran una masa homogénea, y la solución fuera inventar la metodología adecuada para enseñarle a todos. Una cosa es una escuela que iguale, dando a todos las mismas oportunidades, pero otra muy distinta es que homogenice. Ya hemos pasado por ese estadio en el sistema escolar argentino. En los inicios del mismo, había claramente un objetivo homogeneizador, pero las necesidades del país eran otras. Y las concepciones educativas también.

Hoy sabemos que nuestras aulas son heterogéneas (Anijovich, 2014) en muchos sentidos. Heterogéneas porque quienes las habitan llegan con diferentes experiencias y saberes previos distintos. Heterogéneas porque los tipos de inteligencia son múltiples y los estilos de aprendizaje diversos. Heterogéneas porque las trayectorias escolares son variadas. Todos somos distintos. Pero todos somos capaces de aprender. Entonces, para enseñarle a todos no podemos hacerlo de una sola y única manera. Y es allí donde la tecnología en general, y la Inteligencia Artificial (IA) en particular, puede ser nuestra aliada. 

Hoy la IA está presente en nuestra vida cotidiana de manera casi imperceptible. Cuando Netflix o Spotify nos recomiendan series y películas o canciones según nuestros gustos, o cuando utilizamos los asistentes de voz de Google, Siri o Alexa, por nombrar sólo algunos ejemplos, estamos utilizando IA.  

Para explicarlo de manera sencilla, la Inteligencia Artificial (IA) logra que las computadoras aprendan por sí mismas gracias a la generación de una enorme cantidad de datos (esto es, Big Data) y sin necesidad de ser programados por personas (Cobo, 2016). 

La IA puede ayudar al docente en tareas rutinarias y agobiantes como tomar asistencia o pasar calificaciones o ayudar a las secretarías académicas a armar boletines. También puede corregir exámenes con gran precisión (incluso ensayos) y hasta actuar como un tutor que resuelva dudas de los alumnos en cualquier momento del día, cualquier día de la semana. Ya podemos encontrar casos que ilustran estos ejemplos en China y Kenya (Pedró y otros, 2019).  

Pero lo más importante es que gracias a sistemas con IA podemos brindar experiencias de aprendizaje personalizadas que sean desafiantes y estimulantes para cada uno, de manera que resulten significativas para todos. Así como la IA puede recomendarnos series según nuestros gustos, también puede recomendarnos ejercitaciones según nuestro nivel de logro alcanzado en cierta materia o guiarnos en nuestro camino de aprendizaje según nuestros intereses. ¿Por qué no usarla como aliada entonces?

Es cada vez más común escuchar voces que proclaman cómo las máquinas reemplazarán (o ya reemplazan) el trabajo humano. Sin dejar de tener una parte de razón, lo que será reemplazado son, sobre todo, ciertas tareas y no tanto profesiones. Pero hay tareas que las computadoras no van a sustituir. La IA no va a reemplazar a los docentes. Por el contrario, va a potenciar lo mejor de la profesión. En su más reciente libro Oppenheimer (2019) expresa: “Los robots no podrán, por lo menos en un futuro predecible, igualar a los maestros humanos en la formación de personas con principios morales y el sentido de propósito para mejorar el mundo”. Quienes dicen lo contrario, olvidan la importancia (o más aún, lo imprescindible) de las relaciones humanas para la enseñanza y el aprendizaje, sobre todo en niños y adolescentes.

La IA aplicada a educación permitirá (o ya permite), entonces, que quienes trabajamos en escuelas dediquemos nuestro tiempo a cuestiones más importantes. En definitiva, si queremos lograr una enseñanza personalizada y un aprendizaje significativo de contenidos relevantes que lleguen a todos, respetando los estilos de aprendizaje, las múltiples inteligencias, los gustos, los intereses y las necesidades, y los ritmos de aprendizaje de cada persona, hagamos de la Inteligencia Artificial nuestra aliada. Será la mejor manera de llegar a todos. 

Notas

1 Prof. y Lic. en Ciencias de la Educación (UBA) / Twitter: @fededelcarpio / LinkedIn: https://www.linkedin.com/in/fededelcarpio/ 2 Nos referimos a la recontextualización y representación del conocimiento. Bernstein (1998) y Lundgren (1992) han trabajado sobre dichos tópicos. Ver Feldman (2010). 
3 Información extraída del sitio web Our World in Data: https://ourworldindata.org/literacy
4 Disponible en: https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/education/

Bibliografía:

  • Anijovich, R. (2014). El trabajo en aulas heterogéneas: un enfoque teórico. Ruta Maestra Ed. 9. p. 38-41. 
  • Cobo, C. (2016). La Innovación Pendiente. Reflexiones (y Provocaciones) sobre educación, tecnología y conocimiento. Colección Fundación Ceibal/ Debate: Montevideo.
  • Oppenheimer, A. (2019) ¡Sálvese quien pueda!: El futuro del trabajo en la era de la automatización. Debate: Barcelona.